Aquí tienes la verdadera prueba de que un contrato de teléfono móvil funciona
Normas claras, compromiso y el respeto mutuo ayudaron a esta madre a conseguir que su hijo adolescente firmara el contrato.
La decisión de regalarle un iPhone a nuestra hija de octavo grado no fue nada difícil. Ya estaba usando mi viejo móvil plegable de forma responsable, contestando a mis llamadas y mensajes. No lo había dañado ni perdido.
Aun así, me daba un poco de miedo pasarnos al iPhone. Sus amigas no podían soltar el móvil. Al salir del colegio, lo primero que hacían era conectarse a Internet. Me dolía verlas pegadas a las pantallas en lugar de mirarse unas a otras.
Pero ya era hora. Me había vuelto a casar cuando mi hija tenía 10 años y ahora tenía otro bebé. Mi hija, que ahora tiene 13 años, quería ser más independiente. Ya usaba el transporte público, y sus amigas la ayudaban a orientarse con sus apps de mapas y de transporte. Yo quería que mi hija también tuviera esas herramientas.
Cuando otro padre se ofreció a enviarme el contrato del iPhone que había usado con sus propios hijos adolescentes, dije que sí. Pero nuestra hija no lo firmó enseguida. Se resistió en un par de puntos, como tener que cargar el móvil fuera de su habitación y dejarnos rastrearla. Esa semana no me resultó nada fácil como madre. Con mi bebé, "no" significaba "no", pero con mi hija adolescente tenía que dejar la puerta abierta y fomentar el diálogo.
Me contó cuáles eran las normas que no le gustaban y yo la escuché. Luego ella me escuchó a mí, y volvió dos días después con el contrato firmado. Está claro que la promesa de tener su propio móvil la motivó mucho, y además entendió por qué queríamos esas normas. Al final, le habíamos dado tiempo para reflexionar y también le habíamos dejado opinar en el proceso. Quizá esa conversación de ida y vuelta nos llevó tanto al cumplimiento de las normas como a la comprensión.
Si estás pensando en dejar que tu hijo tenga un iPhone, tú sabes qué es lo que mejor le irá a tu familia. Puedes crear un contrato de uso del dispositivo basado totalmente en la situación de tu familia, o usar las plantillas de contrato de Common Sense Media. En el caso de nuestra familia, estas son tres de las conclusiones más importantes que sacamos de nuestra experiencia:
Nada de móviles en la mesa. Claro y sencillo. No usamos los móviles cuando comemos. De ser posible, los apagamos y los guardamos fuera de la vista. La cosa se complica cuando vienen a cenar las amigas de nuestra hija, que no tienen las mismas normas en casa.
Por ejemplo, una noche, mientras comíamos patatas asadas, le sonreí a la chica de 14 años que estaba al otro lado de la mesa: "Es genial que hayas venido a cenar, pero, para que lo sepas, no usamos el móvil durante la cena". Nuestra hija se encogió en su silla, avergonzadísima.
Conéctate a la vida. Sé un ejemplo a seguir. Sigue las normas que tú mismo estableces. Nuestras dos hijas nos observan para aprender a encontrar el equilibrio con la tecnología, así que nos esforzamos al máximo. Aclaración completa: en nuestra familia soy conocida por poner recordatorios en mi móvil, que a veces suenan durante la cena. Y a menudo regañamos a mi marido por no quitarse el Apple Watch durante la cena. (¡Para mí, no es diferente de un móvil!)
Habla. Mantén el contacto. Comunicarse significa hablar con mi hija para pedirle permiso antes de publicar una foto suya. También significa que ella sea sincera con nosotros sobre cualquier señal de alarma que pueda detectar. Por ejemplo, cuando estaba en tercero de secundaria, suspendieron a unos cuantos chicos de su clase por acosar a algunas de sus amigas en Instagram. Fue muy doloroso; tuvimos muchas conversaciones emotivas durante meses.
Hoy, nuestra hija está en su primer año de universidad. Mientras trabajaba en este artículo, le mandé un mensaje y me dijo que acababa de volver de una larga caminata y que estaba a punto de ponerse con los deberes. Le pregunté cómo consigue mantener unos límites tan saludables con el móvil (¡cuando no estoy ahí para vigilarla!).
"Mientras esté ocupada con otras actividades que me interesan, nunca siento la necesidad de coger el móvil", me escribió. "A veces empiezo a sentirme excluida en las redes sociales, pero disfruto mucho más cuando paso tiempo cara a cara con la gente". Ahí lo tienes: una prueba de la vida real y una mamá orgullosa.
Este artículo forma parte de la serie Parent Voices de Common Sense Media, que ofrece un espacio para compartir opiniones sobre la crianza de los hijos en la era digital. Todas las ideas expresadas son del autor.

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